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La iluminación y la budeidad es lo mismo. 

Es un estado de la mente en conciencia plena en pureza; sin condicionamientos; libre de obstrucciones, karma y perturbaciones mentales.

Con una firme atención y en unión con la mente natural. Este estado se alcanza en etapas. 

Cuando el Buda logró la iluminación, consiguió una mente «sosegada, purificada, libre de contaminaciones, suavizada, maleable, fija e inamovible».

De acuerdo a las escrituras esta primera etapa la describió así:

En ese momento pude ver mis vidas anteriores. 

Vi mis miles de millones de nacimientos en distintos periodos de tiempo.

Recordé todos mis nombres, lugares donde había nacido y mis familias.

Reviví la buena y mala fortuna de cada renacimiento. 

Supe todos los detalles de cada una de mis vidas y lo que había hecho de cada una de ellas.

Al ser que logra este estado recibe el nombre de «Buda», y ayuda a los demás a través del Dharma (su palabra).

El Buda dijo: 

«Si llegamos a comprender nuestra propia mente nos convertiremos en un Buda. No hay necesidad de buscar la Budeidad en ningún otro lugar»

Físicamente este estado se manifiesta como seres amorosos, generosos, sabios, en apertura, paz, pero sobre todo compasión; todo esto se resume en una palabra: «Bodhichita».

Al ser que logra la Bodhichita se llama «Bodhisatva» el cual es requisito previo para lograr la Budeidad.

«Nirvana» es Budeidad más Bodhichita, no todos los Bodhisatvas están iluminados, pero todos los budas están en Nirvana.

Mi maestro me dijo una frase que cambió mi vida: 

«La iluminación no es para ti, es para los demás»

Los budistas aspiramos a esa liberación para ayudar a otros, esta es la visión del Budismo Mahayana.

Para finalizar este post, te compartiré un cuento de Budismo Zen.

Un discípulo le pregunta a su maestro: 

— ¿Cómo se pone en acción la iluminación? ¿Cómo se practica en la vida cotidiana?

— Comiendo y durmiendo — Responde

— Pero maestro, todos dormimos y comemos.

— Pero no todos comen cuando comen ni todos duermen cuando duermen. 

De aquí viene el proverbio Zen: «Cuando como, como; cuando duermo, duermo».

Dany Zen